lunes, 11 de febrero de 2013
Capítulo 9.
EL martes por la noche me resultó muy difícil dormir, solo pensaba en Niall, y que en tres días había quedado con él. Al principio temía contárselo a Sandy, porque Niall siempre había sido su debilidad, desde el principio, y sabía que contarle eso le dolería mucho, eso sí, más aún le dolería enterarse después; o por otras personas. El miércoles, cuando íbamos a clase, ella sacó el tema al momento, nada más verme. Me dijo que no se podía creer que hubiéramos conocido a los chicos y a sus novias, y que todos fueran tan abiertos, tan simpáticos. Intenté picarla un poco con Zayn porque habían pasado la mayor parte de la tarde hablando, y tal vez así conseguiría que ella me preguntara por Horan. Como era de esperar, lo hizo. Me dijo 'y tú con mi Niall, ¿qué?' y le dije nada, un chico muy simpático. Pero rápidamente vió como mi gesto cambiaba, como empezaba a perder la mirada en algún lugar. Aceleró, se puso delante de mí y me dijo 'quiero que me lo expliques todo, absolutamente todo'. Y detalladamente, le expliqué que me había propuesto quedar, y que nos habíamos citado el viernes. Su reacción fue bastante distinta a cómo me esperaba. Se lanzó a mí, abrazándome efusivamente y gritando NIALL, NIAAAAAAAAAAAAAAAALL! Le hizo casi más ilusión que a mí. Sandy se empeñó en que todo fuera perfecto el viernes, porque insistía en que eso no se repetiría nunca, que era muy afortunada, y cosas así. Llegamos a clase y todo cambió. Tuvimos un examen sorpresa de matemáticas que me amargó el día. EL miércoles acabó siendo un día eterno, y el jueves inagotable. Llegó el viernes, el ansiado viernes, y a las seis y media de la mañana ya estaba despierta, deseando que pasaran esas diez horas y media que faltaban para mi encuentro con mi irlandés favorito. El viernes, en realidad, hasta que no llegaron las cinco de la tarde, fue un día muy gafado. En clase, nos dijeron que la mayoría habíamos suspendido el examen del miércoles. Al volver a casa, el metro se averió, y comimos cerca de las cuatro, por lo tanto, apenas tuve tiempo de arreglarme, y no tuve otra opción que recogerme el pelo en una trenza que caía sobre mi hombro. Me puse unos pitillos color beige, y una blusa, pero no me convencía. Después de cambiarme tres veces de ropa, salí a la calle con unos pantalones vaqueros ajustados y una camiseta marinera, de manga francesa, a lo Louis. Me puse las converse negras, una chaqueta azulona de punto y una cazadora beige. Decidí colgarme un bolso blanco como complemento, con la cartera dentro, por si necesitaba dinero para volver. Covent garden parecía otro universo, el viaje en metro se me hizo realmente largo, parecía que jamás llegaría. A las cinco menos 2 minutos estaba en la maquina de refrescos que hay junto a Covent garden y allí esperé. A las cinco y diez minutos, vi llegar a lo lejos a un chico vestido con vaqueros, una cazadora negra abierta, que dejaba ver una camiseta blanca, y con un pelo rubio inconfundible, allí estaba, Niall Horan, acercándose a mí.
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