Con las entradas de la mano, y procurando no parecer tan nerviosas como estábamos, llegábamos a la calle del estadio. Sandy iba con sus preciadas vans, unos pitillos y una camiseta ancha, pero formal, encima llevaba la cazadora universitaria del instituto, como la que llevaba yo. Yo iba con una camisa en tonos rosáceos y unos leggins negros, en los pies llevaba unas botas que me llegaban unos pocos centímetros por encima del tobillo. Como era de esperar, llevábamos las bufandas y gorras del Bradford, aunque Josh prefería apoyar al Arsenal.
Delante de nosotros iban tres chicos, dos con el pelo castaño y uno moreno. A uno de los que lo tenían castaño se le calló algo al suelo y el hermano de Sandy se acercó a devolvérselo. ¡No podía ser posible! Esa nariz, esa voz... Era Liam Payne, el mísmo, al que le dan miedo las cucharas. Sandy y yo nos miramos, asombradas, y empezamos a perseguirles, hasta que entraron por un apuerta vip. Los otros dos eran Louis y Zayn, era alucinante, eran ellos, los chicos de nuestros sueños, nuestros ídolos. Y habíamos sido incapaces de hacernos una foto con ellos, pedirles un autógrafo, hablarles. Resignadas y, aún en estado de shock, subimos a las gradas, Josh se limitaba a fingir que no nos conocía y a reírse de nosotras. La primera mitad del partido se hizo corta, el Arsenal metió un gol poco despues de empezar el partido y el Bradford lo empató a los veinte minutos. No hubo más goles. En el descanso, a las 7 de la tarde, aprovechamos para merendar los sandwiches de queso que llevabamos en la mochila. Estaba a punto de empezar la segunda parte cuando un chico pelirrojo nos pidió permiso para pasar y se sentó al lado de Sandy. Mi amiga me empezó a chistar y, como no le hacía caso, me pellizcó las piernas, hasta que me giré. Con una mirada ojiplática entendí todo y miré al chico. Imposible otra vez, era Edward, nuestro pelirrojo favorito, el señorito Sheeran, y estaba al lado de mi mejor amiga en el estadio de futbol donde minutos antes habíamos visto a Zayn, Liam y Lou. O era el destino o un sueño del que no me quería despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario