lunes, 11 de febrero de 2013
Capítulo 10.
A medida que Niall se acercaba a mí, notaba como me empezaba a poner nerviosa. El tiempo parecía pasar a cámara lenta, y de repente llegó. No sabía cómo saludarlo, y me quedé un poco cortada, la verdad, así que fue él quién tomó la iniciativa de abrazarme y besarme la mejilla. No teníamos nada planeado para esa tarde, aparte de estar juntos, así que empezamos dando un paseo por el interior de Covent Garden. Niall me dijo que llevaba desde el martes deseando que llegara ese momento, y le dije que yo también. Cuando ya nos habíamos aprendido de memoria aquel lugar fuimos a los jardines de en frente de Buckingham, el césped estaba frío pero por suerte no estaba húmedo. Nos sentamos juntos y pasamos más de una hora hablando. Él era (y es) mi gran ídolo y estábamos hablando como si fuéramos amigos de toda la vida. Me contó que le encantaría ir conmigo a España y que le enseñara mi ciudad, Valladolid, le dije que me encantaría enseñarle cada rincón de todas las ciudades y pueblos españoles. Sacó una cámara de su mochila y me dijo 'Espera, no quiero que este momento se me olvide nunca' y nos hicimos una foto. Le propuse ir a Starbucks y accedió. Así que en diez minutos estábamos en la cafetería más cercana, disfrutando del tramo final de la tarde. Escogimos una mesa de la planta alta, para dos, un poco alejada de las demás porque Niall seguía siendo el ídolo de millones de personas como yo, y si lo veían con una chica desconocida armaríamos una buena. Pues el rato del Starbucks fue el más bonito de toda la tarde. Si por mi fuera, no se habría acabado nunca. Me dijo que llevaba años buscando a la chica adecuada, y cuando me vió y me conoció en el estadio creía haberla encontrado. A mi no me salían las palabras de ningún modo, pero las lágrimas estaban a punto de brotar. Me dijo que estaba deseando repetir, cuanto antes y le dije que estuviera tranquilo que aún teníamos tarde para rato. Me cogió la mano y me miró fijamente a los ojos. Me dijo 'Siento decirte esto tan pronto, pero el momento tenía que llegar. Inés, te quiero.' y el irlandés más perfecto de todos los tiempos rompió todos mis esquemas en ese momento. Le dije 'Niall, yo sí que te quiero'. Se levantó y se acercó a mi para besarme. Me sentía como una nueva chica, me sentía realmente bien, porque le quería, de verdad, y él también a mi. Me acompañó a la estación de metro y nos despedimos con un fuerte abrazo. Fue una tarde perfecta, demasiado perfecta, y no veía la hora de contárselo a Sandy. Pero decidí que sería mejor hacerlo a la mañana siguiente, que era sábado y teníamos todo el tiempo del mundo. El domingo habíamos vuelto a quedar con todos ellos, con los chicos y sus novias, así que en solo dos días volvería a ver a Niall. Me senté en un asiento del metro y al llegar a casa, cené un sandwich y me fui rápido a dormir. No quería que nada pudiera estropear, aunque solo fuera un poco, aquel día tan perfecto. Subí a mi cuarto y dejé la ropa preparada para salir al día siguiente, y solo deseaba una cosa: Que el sábado se pasara a la velocidad de l luz, para que el domingo llegase cuanto antes.
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